No ver los días como nuevas oportunidades.
Ignorar el tiempo perdido y simplemente seguir perdiendolo.
No dedicarse a cosas productivas.
La dejadez, ese mal que vive dentro mío que se va incrementando, crece como los hongos en un pan rancio.
El cansancio progresivo de estos días y el dueño cambiado alimentan ese bichitos que me deja avanzar y se propaga hacia cada célula de mi ser.
Recapacito. Me doy cuenta que no puedo dejar que la vida pase a mis ojos y no actuar frente a tal estímulo. No puedo seguir así.
Cuantas cosas que no hice, cuantas cosas son las que podría estar disfrutando ahora pero sin embargo no las tengo, porque no lo hice, porque no las busqué, porque soy un desastre, porque mis decisiones no son buenas, porque mis preocupaciones son ridículas.
¿Y el tiempo? El tiempo por ahora sobra, y la voluntad falta.
La voluntad, la clave para liberarme de este ciclo de malos hábitos que llevan a mi existencia al absurdo.
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