sábado, 4 de julio de 2015

Reflexiones desde el abatimiento.

Y si, siento que a veces me da paja el estar a cargo de una vida, mi vida. Es como que quisiera librarme de las responsabilidades de mi existir y posponerlas por un rato, así como lo hago con el despertador cada mañana, puede que retrase la hora del inicio de un nuevo día no sólo por el mero placer de sentir el cálido abrazo de mansas de tela suave, sino también porque mientras estoy dormida no tengo consciencia de lo complejo de la existencia humana, en el inconsciente esta la posibilidad de liberar nuestros hombros de las construcciones sociales que tanto nos pesan y nos reprimen, la contracara de la consciencia puede mostrarnos una libertad que no es vista en la realidad, y la infinidad de cosas que son alcanzables en los sueños hace que estos sean placenteros en ciertas ocasiones, hasta el punto tal de dibujarnos una sonrisa en el rostro cada vez que recordemos ese sueño, por eso quisiera darle unos minutos más de descanso a la voluntad que es el motor de la dificultosa tarea de vivir.

domingo, 29 de marzo de 2015

Mundos

Somos energia, somos emociones, somos actitudes, somos acciones, somos reacciones somos manifiesto.  

Somos mares de llanto, también somos miles de sonrisas. Somos nuestros errores, también somos nuestros aciertos. Somos nuestras debilidades, tambien nuestras fortalezas. Somos motivación, también desgano.

Somos impulsos y pensamientos.
Somos frustración y esperanza.  
Somos fantasias y realidades.
Somos lo simple y lo complejo.
Somos causa y consecuencia.  

Somos una calma pasajera, somos un quilombo, un monton de mambos que carcomen nuestra mente.

Somos lo bueno y lo malo de la memoria.
Somos cada sentimiento en los que nos encontramos inmersos a lo largo de la vida.

Somos un conjunto de todo, somos un mundo. Cada uno de nosotros es un mundo, tan lleno de vida, tan diferente a los demás, tan fuerte y frágil a la vez. Somos mundos que se conectan entre si. Somos un mundo único, imperfectamente maravilloso

martes, 10 de marzo de 2015

Desórdenes.

Café instantáneo, poco. Azúcar, la necesaria (para muchos demasiado). El resto leche. Así iniciaba mi día. Miré los paquetitos de galletitas dulces que tenía a disposición, me parecieron todos monótonos y carentes de atractivo alguno así que decidí tomarme el café solamente.
Iniciar un nuevo día con música siempre es una buena opción, esta vez lo hice con instrumentales de Focus.
Los efectos de haber dormido sólo media hora en un sillón de dos cuerpos estaban apareciendo. El dolor corporal era leve y mis reacciones un poco lentas, mi vista se clavó en aquella taza de la cual tomaba, a medida que iba consumiendo el café este dejaba su huella en el interior de la taza lo cual me hizo pensar en la gente que ve el futuro a través de la borra del café, ¿será verdad? quizas es de esas cosas que son de creer o reventar, y en este momento preferiría reventar. No estaba para creer en lo que no es empírico.
Necesitaba despejarme, así que decidí salir a caminar sin rumbo. El panorama del vecindario es distinto por la mañana, es verano, vacaciones, tiempo de ocio. El silencio sólo era interrumpido por el canto de los pájaros y algún que otro ruido proveniente de la autopista. Las familias se encontraban fuera de la rutina, ¿había necesidad alguna de levantarse temprano? ninguna, me parece excelente que todos durmieran hasta cerca del mediodía, todos menos yo que prácticamente ni había dormido, solo caminaba en medio del asfalto y la suave brisita mañanera me hacía tiritar, obra del desvelo.
Logré despejarme de a poco, igual la falta de sueño se hacía sentir en mis ojos enrojecidos. Era en vano intentar pasar otro día sin dormir, el cuerpo humano es débil y necesita del descanso. Me tomé una siesta mañanera que duró hasta pasado el mediodía.

jueves, 5 de marzo de 2015

Reflexiones del desvelo.

¿Está mal querer escapar de la realidad? ¿Es necesario pisar tierra firme y vivir la realidad por mas aburrida que sea o podemos pasarla mejor imaginando cosas que quizas nunca ocurran? Me gusta imaginarme situaciones en las que nunca he estado, es una forma entretenimiento fácil que tengo cuando estoy a solas conmigo misma. A veces gasto mi tiempo imaginando tantas cosas que siento que no vivo, ahí se encuentra lo negativo. La imaginación es ilimitada y nos permite visualizar múltiples cosas tan detalladamente que podemos sentirlas reales aunque estas no lo sean. La realidad es limitada y no todo lo que ocurra en ella depende de nuestra voluntad, pero lo que realmente nos llenan son las cosas lindas que ocurren en ella, vale la pena lidiar con lo malo con tal de poder disfrutarlas. Pero tambien podemos contar con el poder de la imaginación, a veces el mundo real resulta agobiante y es bueno refugiarse un ratito en nuestros sueños de pastelitos de manzana, siempre y cuando se trate de escapadas y no de largos viajes.

Atormentandonos.

El miedo. Que sensación tan extraña es el miedo. El temor de perder a un ser querido, a una enfermedad termina, al fracaso en la vida, a ciertos sentimientos, a un posible futuro, etc., son comprensibles y algún día podremos superarlos. Pero que hay del miedo a la nada misma? ese que no tiene motivo aparente y sin embargo está, persistente en estremecernos, hasta quitándonos el sueño en ciertas ocasiones, interrumpiendo ese descanso físico y mental que tanto el ser humano necesita, ¿cómo controlarlo? ¿cómo deshacerse de el? Me pregunto si algún día dejará de atormentar mi frágil mente.
Quizás ese miedo que a simple vista carezca de causa sea la manifestación del conjunto de inseguridades que cargamos inconscientemente, inseguridades que están y no las vemos, inseguridades que necesitaban hacerse ver de algún modo. El miedo es inseguridad.
Tal vez algún día podamos enfrentarnos a esas inseguridades, aprender a lidiar con ellas hasta poder superarlas, o no, quizás eso nunca pase y nos llevemos diez metros bajo tierra ese miedo, no lo se, por ahora me conformaría con poder conciliar el sueño para ser productiva mañana.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Una ilusión rota


Esperé horas, horas que fueron interminables. Durante el tiempo que estuve esperándolo en ese pequeño café ubicado en la Avenida Rivadavia me las ingenié para mantener a mi mente confundida por una serie de sentimientos encontrados entretenida, y así esa esperanza de verlo llegar siga dentro mío.

En un principio simplemente esperé, me miraba las uñas prolijamente pintadas con un color de esmalte que hacia juego con el atuendo que tan cuidadosamente había elegido para la ocasión, también observaba los detalles de la mantelería; el mantel que solía ser blanco y tenía una quemadura de cigarrillo, la servilleta que estaba doblada de forma despareja y que luego acomodé. Nunca me caractericé por ser una persona paciente, y además tenía mas ansias que esa vez que rendí un final y los profesores tardaron horas en darme la nota, el temita de la paciencia requirió de mucha voluntad pero lo solucionaba de a ratos observando a mi entorno que en un principio mi presencia les era indiferente pero con el paso del tiempo estas personas entendieron la situación en la que estaba y me empezaron a mirar con algo de lástima, hasta podía sentir una cierta empatía, un deseo de que aquel muchacho apareciera en el lugar y de una explicación entendible sobre su tardanza.

Pasó hora y media desde que llegué a tal punto de encuentro justo a la hora en la que habíamos concordado, ni un minuto antes ni un minuto después, y eso que yo no acostumbro a ser puntual. Mis nervios ya no era algo interno que podía disimular, se manifestaban en mis actos; desbloqueaba y bloqueaba la pantalla del celular frecuentemente con la ilusión de encontrarme con algún tipo de aviso, con cada pispeada veía el tiempo pasar y en la ventana observaba como el día iba acercándose a su fin para darle lugar a la noche. Estaba nerviosa, algo desesperada y muy, muy ansiosa, ya se notaba físicamente, de la forma que movía mis manos sudorosas y mis pies, mi mirada inquieta dirigiéndose a la elegante puerta antigua que anteriormente había admirado, estaba tan concentrada esperando su llegada que ni me di cuenta que la camarera me trajo el café que pedí hace una hora, ni siquiera me acordaba que lo había pedido hasta que lo vi sobre la mesa, frío e intacto.

Luego de las dos horas todas las inseguridades que me abrumaban se incrementaron, ya podía sentir angustia y no me importaba el motivo de tal retraso, solo me conformara con que viniera y simplemente eso. La camarera se acercó a retirar la taza de café que no había tocado y por primera vez vi su rostro, y en su rostro vi una mirada misericordiosa dirigida a mi persona, solo atiné a hacerle una media sonrisita (la cual me costó). En ese momento mi vista se nubló, sentí mis ojos húmedos, muy húmedos y mis lagrimales calientes, me levanté y fui al baño, podía escuchar los murmullos del resto de los clientes a mis espaldas y la verdad no me favorecían en nada, no quería que me vieran como una pobre chica a la cual tenerle pena. Me miré al espejo y vi a una chica con un aspecto impecable, prendas y accesorios pensados y repensados para tal ocasión, un cabello prolijo, con que el había luchado para que quedara lindo, no se me escapó ni el mas mínimo detalle. Las horas que estuve produciéndome habían dado un buen resultado, tenía el maquillaje tan bien aplicado que podía disimular las imperfecciones de mi rostro pero no la desilusión y angustia que manifestaban mis facciones. Vi la chica que todos los de ese lugar habían visto. Respiré hondo y contuve mis lágrimas. Decidí quedarme un rato mas y pedir un té de frutos rojos porque aún la esperanza no se había ido del todo.

Tres horas ya eran las que pasaba en aquel lugar, al parecer la moza misericordiosa había terminado su turno porque esta vez el té me lo trajo un hombre. Él no apareció, la deliciosa infusión no logró levantarme ni un poco el ánimo, me di cuenta que era hora de volver a casa, debía asimilar que ese chico que me parecía tan dulce no se presentaría a tal cita, ¿acaso lo habrá olvidado? ¿o se dió cuenta que yo no era su mejor opción?, prefería no saberlo, me quedo con esa intriga. Pagué y me retiré, a la media cuadra siento una leve llovizna sobre mi piel, esa lloviznita muy rápidamente se convirtió en una fuerte lluvia, me apresuré en llegar a la parada del bondi en vano porque había perdido la sube, me sentía el ser mas desafortunado del mundo.

Veintiséis eran las cuadras que me separaban de aquella parada de mi casa, no tuve mas remedio que ir caminando. Si bien el barrio de Flores no es un lugar seguro para que una señorita (ni nadie) ande sin compañía en ese momento estaba tan adentrada en ese mar de sentimientos que afectaban mi estado emocional que ni pensé en el peligro que podría llegar a correr. Mis lágrimas se mezclaban con la intensa precipitación que golpeaba mi cara, iba a llegar a casa con la cara lavada, de todos modos eso no importaba, ni eso ni las otras rutinas de belleza que había realizado para la ocasión. Eran las últimas cuadras, mis pies se entorpecían con las baldosas faltantes o las que estaban levantadas por las raíces de los árboles, me sentía tan abatida, tan superada por la situación que no tuve la voluntad de caminar como se debía. Llegué a mi casa, no me interesaba verme al espejo o ir al baño ni nada, solo me saque la ropa mojada, esa la que fue cuidadosamente seleccionaba por ciertos detalles de gran importancia para mi y que ahora era igual a la que estaba sobre la cama, las que formaron parte del despelote que armé en el placard y después no ordene. Agarré aleatoriamente alguna de esas prendas y me la puse, el resto la revolee al piso, me tiré en la cama a llorar hasta que mi angustia se haya ido, o me haya dormido, lo que sucediera primero. Me quedé dormida.

martes, 17 de febrero de 2015

Contradicciones

Me gusta la tranquilidad del campo, me gusta el caos urbano.
Me gustan las frescas y soleadas mañanas de verano, me gusta la espesa niebla y lo gélido de las mañanas invernales.
Me gusta matar el tiempo con una placentera siesta, me gusta sentirme productiva.
Me gusta lo clásico, me gusta lo moderno.
Me guío por mis impulsos, dudo mucho.
Adoro la naturaleza, me entretiene la tecnología.
Me gustan los colores del amanecer, me pierdo en las estrellas.
Me gusta estar rodeada de personas, anhelo un tiempo de soledad.
Me gusta lo tradicional, lo de siempre, me renuevo constantemente.
Me gusta cuidar de mi apariencia, me despreocupo por ella.
Me gustan las cosas simples de la vida, elijo lo complejo.

domingo, 15 de febrero de 2015

Malos hábitos

No ver los días como nuevas oportunidades.
Ignorar el tiempo perdido y simplemente seguir perdiendolo.
No dedicarse a cosas productivas.
La dejadez, ese mal que vive dentro mío que se va incrementando, crece como los hongos en un pan rancio.
 El cansancio progresivo de estos días y el dueño cambiado alimentan ese bichitos que me deja avanzar y se propaga hacia cada célula de mi ser.
Recapacito. Me doy cuenta que no puedo dejar que la vida pase a mis ojos y no actuar frente a tal estímulo. No puedo seguir así.
Cuantas cosas que no hice, cuantas cosas son las que podría estar disfrutando ahora pero sin embargo no las tengo, porque no lo hice, porque no las busqué, porque soy un desastre, porque mis decisiones no son buenas, porque mis preocupaciones son ridículas.
¿Y el tiempo? El tiempo por ahora sobra, y la voluntad falta.
La voluntad, la clave para liberarme de este ciclo de malos hábitos que llevan a mi existencia al absurdo.

viernes, 13 de febrero de 2015

Un nuevo ciclo

Los tiempos corren a grandes velocidades, las personas viven aceleradas, la sociedad cambia, las costumbres se modifican y los ciclos se renuevan. En cuanto al uso de blogs que he tenido decidí dejar de usar el anterior y que quede en un estado de abandono, porque si. Bueno, no porque si, si no porque creo que el anterior blog cumplió con su ciclo y ya perdí el interés de usarlo, porque me aburrió, ya no me gusta como antes, en fin, cumplió su ciclo. Me gustan las renovaciones y esta vez decidí hacerlo en estos lados virtuales.